editorial
06/05/2020

Una oportunidad para fortalecer nuestra senda de desarrollo

[Editorial] Si tuviéramos que buscarle un lado positivo a esta crisis sanitaria tan profunda y de carácter mundial sería que nos da una oportunidad para detenernos a pensar dónde estamos, qué hemos construido y a dónde queremos llegar. Y no sólo en términos individuales, sino que como sociedad, país, industria, o en nuestro caso como sector eléctrico, o como gremio que representa a las empresas de generación de energía eléctrica de Chile.

Una oportunidad para fortalecer nuestra senda de desarrollo

En diversas oportunidades hemos constatado que como industria de generación eléctrica, quizás por no tener clientes domiciliarios y por ende una relación directa y cotidiana con la mayoría de los usuarios finales de nuestro país, somos un segmento más bien desconocido del sector eléctrico, y que la ciudadanía no lo distingue o diferencia de los otros segmentos: distribución y transmisión. Así por ejemplo muchos desconocen que a diferencia de los otros dos, la generación eléctrica es un sector que se desarrolla bajo un marco de competencia en el mercado, libre entrada, y donde participan múltiples y diversos actores y tecnologías.

En la actualidad son más de 340 las empresas de generación eléctrica que operan  en nuestro país, empresas grandes, medianas y pequeñas, las cuales generan más de 5.000 puestos de trabajo directos y entre 40.000 y 50.000 empleos indirectos. Las empresas contratistas que se vinculan con nuestro segmento son más de 3.000, colaborando en el desarrollo, construcción, mantención y operación de proyectos en tecnologías tan diversas como solar fotovoltaica, concentración solar de potencia, eólica, geotermia, hidráulica de embalse o de pasada, biomasa, diesel, gas natural o carbón, e incluso en sistemas de almacenamiento eléctrico. Un universo de personas, inversión, tecnologías y capacidades que se integran en un sistema eléctrico para abastecer de electricidad a los hogares, servicios básicos, comercio, sector público y a la industria.

La generación eléctrica es un sector en continuo desarrollo, con importantes inversiones de largo plazo en nuestro país, que ha confiado en nuestra economía abierta, nuestra calidad regulatoria, la mirada de largo plazo y las expectativas de la senda de nuestro desarrollo.  El sector generación es también un sector de vocación competitiva, que no tiene rentabilidades aseguradas, y cuyos resultados esperados no están asegurados, pues dependen de factores tan diversos e incontrolables como las dificultades y los tiempos de desarrollo y construcción de los proyectos, los costos de las tecnologías, la hidrología, los precios de sus insumos como los combustibles o el comportamiento de la demanda de energía, entre muchos más factores de riesgo. Respecto del comportamiento de la demanda, por ejemplo, en este período de emergencia sanitaria el consumo de energía ha caído en algunos días ya casi un 10% con respecto a la referencia previa al inicio de la pandemia.

Sin duda, los desafíos, y con ellos los objetivos de nuestra industria, han evolucionado junto con las exigencias sociales, medioambientales y de cambio climático. Antiguamente las empresas de generación tenían el desafío casi exclusivo de lograr un suministro eficiente económicamente, cumpliendo los estándares de seguridad, ambientales básicos y de calidad del suministro. Desde hace ya bastante tiempo, junto con los desafíos anteriores, se han sumado otros que vienen a completar una visión mayor del concepto de sustentabilidad. Esto es posible apreciarlo en nuevos factores como la incorporación del relacionamiento temprano y continuo con las comunidades donde se desarrollan los proyectos, promoviendo el desarrollo local; el compromiso de reducir la intensidad de emisiones locales y globales de la matriz de generación eléctrica, mediante la concreción de importantes inversiones en tecnologías de abatimiento y la masiva inserción de energías renovables en los planes de inversión, así como la adopción de un plan para el cese de operaciones o reconversión de la centrales a carbón; y con un activo compromiso del sector de ser parte de las metas nacionales para alcanzar la carbono neutralidad, poniendo el uso de electricidad en un rol protagónico en la lucha contra la urgencia climática y contribuir a mayor calidad de vida y ciudades más sostenibles.

En este nuevo escenario el sector se presenta con números relevantes, con centrales de generación en construcción a marzo 2020 que suman una inversión cercana a 10.000 millones de dólares. Estas iniciativas entrarían en operación antes de terminado el año 2022 y 20 de ellas con fecha de puesta en servicio durante el presente año. Entre estos proyectos se encuentra la primera central termosolar de Chile y América Latina que utiliza una torre de sales fundidas por el sol para producir energía eléctrica las 24 horas del día, u otro proyecto que involucra una inversión considerable es la ampliación de la primera central geotérmica de Sudamérica. Durante el 2020, se espera también que entre en operación el primer “embalse virtual” de almacenamiento de energía renovable en baterías, con una capacidad de 10 MW, proveniente de una central hidroeléctrica de pasada. Finalmente, las proyecciones para este año es que la nueva capacidad de generación solar se triplicará en comparación a lo sucedido en el 2019. Cada uno de estos avances representa una inversión de largo plazo relevante, y serán parte fundamental de la recuperación posterior a la crisis por ser fuente de empleo, para dar continuidad a la transición energética y asegurar el suministro eléctrico futuro.

Hoy, en medio de la situación de pandemia por COVID-19, tenemos la posibilidad de detenernos, evaluar los importantes avances que hemos tenido y analizar los nuevos desafíos que se originan en un contexto del presente y futuro distinto al que hasta ahora habíamos considerado. La reflexión internacional y nacional nos muestra cómo este nuevo escenario que nos impone la pandemia de manera dura y repentina, debería motivarnos a mirar qué podríamos mejorar, y qué decisiones debemos tomar durante la pandemia para no hipotecar la senda de desarrollo sostenible por la que veníamos avanzando. En este nuevo contexto, se hace aún más evidente que una mayor inversión en el sector y la electrificación de los otros sectores energéticos como el transporte o la edificación son una gran oportunidad en materia económica, en la activación del empleo y en la respuesta a la urgencia climática.

Retomar nuestra senda de desarrollo sostenible nos invita a relevar la importancia del bienestar social, de la solidaridad con nuestro entorno, del impacto de nuestras acciones a nivel local y global, y del cuidado de nuestro planeta; porque si algo nos recuerda la pandemia es que como sector económico, generador de empleo, desarrollo e inversión, nuestra sustentabilidad depende de que todos juntos salgamos adelante.

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