editorial
03/11/2020

Las personas al centro de la gestión

[Editorial] Luego de ocho meses desde que el primer caso de Covid-19 tocara el territorio nacional y tras ello la declaración del Estado de Emergencia que hizo que muchas personas comenzaran a desempeñar sus tareas desde sus hogares, las lecciones que nos ha dejado la pandemia son innumerables en distintos ámbitos.

Las personas al centro de la gestión

Uno de los aspectos centrales ha tenido que ver con el trabajo, y no solo con el empleo y las posibilidades de contar con negocios lo suficientemente resilientes como para sobrellevar una crisis, sino que con el modo de trabajar y quiénes están detrás de cada labor. Se trata de personas con historias particulares, familias, aspiraciones y un sinfín de atributos las que componen una organización, que a su vez tienen propósitos y culturas específicas.

El sector de generación de energía eléctrica ha sido un pilar de seguridad fundamental en este periodo. Su estabilidad nunca ha estado en duda, así como el compromiso de sus trabajadores, los que bajo el cometido de proveer de energía eléctrica a Chile, continuaron desempeñándose en modalidades más desafiantes que lo habitual, pero con el convencimiento de lo esencial de su labor.

De igual modo, el sector y sus trabajadores hicieron el máximo esfuerzo para continuar con el desarrollo y la construcción de los proyectos de generación, en la medida que las normas sanitarias lo permitieron, lo cual era clave para cumplir con los plazos y compromisos contraídos con la autoridad.

Si bien lo primero para las empresas de generación eléctrica fue asegurar la continuidad operacional, junto con ello estuvo el resguardar la salud de sus trabajadores propios y externos. Una serie de medidas fueron tomadas para cumplir este compromiso, desde las más estrictas disposiciones de seguridad para el ingreso a las centrales, adecuar las instalaciones para cumplir de buena forma con todos los protocolos y habilitar las condiciones para el desarrollo del teletrabajo.

En poco tiempo, las empresas tuvieron que adaptarse e introducir cambios que en condiciones normales habrían tardado mucho más en su implementación. De este modo, la gestión del día a día se ha visto acelerada, con la necesidad de tener respuestas rápidas, todo ello en un contexto de dinámicas familiares y sociales alteradas, donde no se puede obviar el rol que las mujeres -de diversos sectores e industrias- han debido asumir.

Este ha sido también un periodo donde los liderazgos se han visto a prueba, y aquellos conscientes y capaces de empatizar han enfrentado de mejor forma una realidad incierta y sumamente desafiante. En el sector, la tecnología abrió nuevas posibilidades a los directivos para acercarse a los trabajadores desplegados en distintas regiones, con una mayor habitualidad. De este modo, la comunicación ha jugado un rol fundamental, con el fin de asegurar la tranquilidad de las personas y así como también propiciar un sentido de comunidad al interior de las empresas, fomentando la responsabilidad individual y colectiva.

Dentro de los desafíos que deja esta pandemia, a pesar de todos los esfuerzos hechos, está el avanzar en una mayor flexibilidad en general, teniendo en consideración escenarios cada vez más líquidos, donde el anticiparse va a ser clave. De igual forma, la disparidad en la distribución del trabajo doméstico, es un ámbito en el cual las empresas están llamadas a trabajar, propiciando condiciones para que hombres y mujeres asuman dichas responsabilidades.

Si bien hay aspectos por mejorar, el que las organizaciones tengan un propósito claro, el sentido de responsabilidad hacia la sociedad, las culturas internas y la rápida capacidad de adaptación de las empresas del sector de generación y sus trabajadores, han permitido que el sistema haya operado con la regularidad y calidad de siempre, lo que no es trivial.

Las organizaciones, más que nunca, han puesto en el centro de la gestión a sus personas y con ello el capital social se ha visto fortalecido, lo que ha permitido enfrentar de buena forma una de las crisis económicas y sociales más grandes de los últimos cien años.

Si a lo anterior se suma el desafío del cambio climático, en el que el sector de generación de energía eléctrica tiene un rol central como oportunidad de mitigación de emisiones gracias a las energías renovables y la electrificación del consumo de combustibles en transporte, industria y hogares, hay que tener presente que el activo más importante para que ella ocurra son las personas. Sus conocimientos y capacidades, sumado al rol social de su labor, harán viable la transformación de la matriz energética a la escala y velocidad necesaria.

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