editorial
08/06/2020

El rol de la energía en una reactivación sostenible

[Editorial] El mundo entero ha sido sorprendido por la pandemia Covid19 causada por el Coronavirus, que ha causado enormes repercusiones sociales, ambientales y económicas. La preocupación inmediata debe estar en resguardar la salud de las personas y además en proponer soluciones económicas para quienes se han visto más afectados por esta crisis.

El rol de la energía en una reactivación sostenible

Como sector de generación eléctrica creemos que es relevante comenzar a pensar en cómo debemos realizar esta recuperación. En particular, es imperativo hacerlo de manera sostenible, tomando en cuenta los riesgos, y considerando los enormes beneficios futuros de modificar nuestra forma de desarrollo, enfocándonos en una producción y consumo sustentable.

El sector eléctrico es pionero en el tránsito hacia un desarrollo sustentable a través de la transición energética, abordando la necesidad de reducir las emisiones globales y locales e innovando para lograr la carbono neutralidad. Así, podemos afirmar que el sector de generación en Chile será el que aportará aproximadamente un 60% de la reducción de emisiones de GEI de aquí al 2030, y la electrificación tendrá un importante rol en los consumos energéticos en industria, vivienda y transporte. Esto además se suma a la necesidad latente en Chile de preocuparnos de la calidad del aire producto de los contaminantes locales emitidos en las ciudades, principalmente generados por una mala calefacción a leña en el centro-sur del país, el transporte de vehículos, por el consumo de diesel, y algunas actividades productivas. Más del 85% de las emisiones de material particulado fino (MP 2,5) proviene de la combustión de leña no sustentable, un tercio de las emisiones de óxidos nitrosos (NOx) vienen del transporte, y cerca del 80% de las emisiones de dióxido de azufre vienen de las fundiciones. Gran parte de estos contaminantes locales, que provocan enfermedades respiratorias y causan más de 3.500 muertes prematuras al año, están asociadas a nuestra forma de vida donde podremos realizar mejoras que traerán no sólo beneficios económicos en el largo plazo, sino que también beneficios sociales, principalmente asociados a la salud de las personas.

Poniendo a la industria energética al servicio de la sociedad, surgen soluciones con múltiples beneficios, donde el desarrollo económico sustentable de un sector colabora directamente con la calidad de vida de las personas. Así, por ejemplo, la electrificación de sistemas de transporte, calefacción y procesos industriales pueden ayudar no sólo en la reducción de gases de efecto invernadero que causan el cambio climático, sino que también traer sustanciales beneficios sociales por la reducción o eliminación de contaminantes locales. Además el impulso y aumento sustancial de una matriz de generación eléctrica cada vez más renovable, implica una producción de electricidad más baja en emisiones. Hoy la electricidad representa solo el 22% del consumo de energía, en contraste con el 57% del consumo de energía de derivados del petróleo. La baja en los costos de tecnologías de generación bajas en emisiones hoy permite no solo producir más con fuentes renovables, como lo son la energía solar y eólica, sino que traspasar esa baja de costos también a los precios de los consumidores, permitiendo hacer una electrificación de la demanda que compita con los combustibles como derivados de petróleo o leña tradicionalmente usados para estos efectos.

De esta manera, con el foco en una reactivación sostenible después de superada la pandemia, debemos enfatizar la importancia de la conversión y fomento hacia las tecnologías limpias y un consumo sustentable, preocupándonos de poder contar con más inversión en tecnologías limpias para la generación.

En los últimos años las inversiones en energías renovables se han multiplicado: en la actualidad se tiene en calificación ambiental más de 200 proyectos por inversiones que superan los USD 20.000 millones, y ya en construcción más de 40 nuevos proyectos con inversiones de casi USD 10.000 millones. Sin embargo, aún se debe realizar un mayor esfuerzo para permitir que la penetración de esas energías renovables opere de manera eficiente y costo-efectiva. Para esto, se debe considerar condiciones habilitantes, como la incorporación de instalaciones que aporten flexibilidad, almacenamiento y capacidad de transmisión al sistema, los que deben ir acompañados de la regulación adecuada que permita adaptar las nuevas tecnologías y cambios necesarios. Hoy, a causa de la pandemia, los países han desplegado una serie de medidas para apoyar a las familias, empleos y empresas, de manera de mantener la economía y la subsistencia de familias más vulnerables. Se debe aprovechar este momento para modificar los patrones de consumo y dirigir la inversión hacia las medidas de sustentabilidad que el mundo tanto requiere acelerar.

El desafío de los países es complejo, en muchos casos con recaudación fiscal a la baja, y con la necesidad de incrementar sustancialmente el gasto público para poder superar la situación de emergencia actual. Para ello, se debe actuar de manera inteligente, pensando en el largo plazo y de manera integral, más allá de enfocarse en salir rápido de la crisis vigente. Así, por ejemplo, un gran plan nacional de reacondicionamiento térmico del stock de viviendas que incorpore calefacción sostenible, como sería el caso de la calefacción en base a bombas de calor operadas con electricidad, contribuiría a generar empleo masivo, inversión, reducción del consumo de energía y de la contaminación del aire, y un aporte a la equidad energética. Es importante mirar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y de esa manera asociar las inversiones hacia éstos, midiendo y reportando los avances en función de ellos. Para el sector energía, el ODS 7 de energía asequible y no contaminante, el poder ampliar la cobertura y entregar acceso a servicios energéticos limpios y confiables, aumentar la capacidad de entregar energía de fuentes renovables y dar énfasis a la eficiencia energética, son metas que debemos considerar al momento de disponer de políticas de reactivación de nuestra economía.

Este es un momento de unión y de visión conjunta para una reactivación alineada con el desarrollo sostenible en el largo plazo no solo del país, sino que del planeta. En Chile tenemos el potencial de liderar con medidas concretas, como ya lo hemos hecho a nivel mundial con el aumento de la incorporación de energías renovables, pero tenemos mucho más que aportar para poder salir adelante de esta contingencia. Escuchando a la naturaleza y a la ciencia, con políticas de largo plazo y regulación que den certeza jurídica a las inversiones para acción climática de largo plazo, con metas concretas como la carbono neutralidad y con las herramientas disponibles y mejoras tecnológicas actuales, podemos dar un paso enorme en la dirección correcta. Es el momento de invertir en crear trabajos y diseñar políticas públicas que nos permitan guiar los esfuerzos del sector privado, público y de la sociedad civil hacia un mundo bajo en emisiones y resiliente al clima. Desde el sector de generación eléctrica buscamos aportar con nuestro impulso para movilizar la acción.

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